Primera Nacional | ATLANTA

Terminó la temporada para Atlanta, ¿y ahora qué?

El Bohemio cerró su participación en el torneo con un 1-1 ante Mitre de Santiago del Estero. ¿Qué se puede rescatar de un torneo en el que el balance deportivo quedó en rojo?

Publicada: 08/11/2021 18:06:34

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Atlanta terminó el año empatando con Mitre de Santiago del Estero en un nuevo partido flojo y aburrido, en el que pudo, a fuerza de empuje y ganas, levantar un juego que empezó perdiendo desde el vestuario. Con 39 unidades, puede terminar el campeonato en la actual posición, noveno, o décimo o decimoprimero si Temperley y/o Estudiantes ganan sus encuentros el próximo fin de semana. Sin pelear por el ascenso ni clasificar a Copa Argentina, difícilmente se pueda hablar de una buena temporada, pero hay, sin embargo, cosas para destacar.

En primer lugar, hay que admitir que, en resultados, el equipo no estuvo a la altura. No sólo de lo que se esperaba, luego de la gran temporada pasada, sino incluso en función del objetivo de estar entre los 4 primeros que había declarado Erviti. En juego, da la sensación de que se bajó un par de escalones: esta temporada mermó la intensidad, el peso ofensivo y se dieron muchas más ventajas en el fondo.

Hay que ser justos con el cuerpo técnico, el plantel de esta temporada no se parece en casi nada a lo que fue el anterior. A Atlanta se le juntaron dos situaciones: en junio de 2020, todos los planteles se renovaban en plena pandemia, y el club puso el foco en mantener un plantel que jugaba bárbaro para pelear el ascenso a Primera; y luego, cuando no llegó a pelear por subir, se le fueron el 70% de los jugadores y no encontró en el mercado la misma calidad para reemplazarlo, dado que la gran mayoría estaban contratados, desde hacía seis meses, por un año y medio.

Bajo esa perspectiva, el trabajo de Erviti fue loable, sobre todo en el comienzo, cuando logró que en 10 fechas no se perdiera y se peleara de igual a igual con equipos de presupuestos enormemente mayores. Luego del parate por la pandemia, corto esta vez, el equipo no volvió a ser el mismo. Las derrotas y los empates se acumularon, y pareció faltar rebeldía, actitud, coraje. Se entró en una espiral de fragilidad psicológica que el cuerpo técnico no pudo resolver -y que en momentos potenció- y de la que costó muchísimo salir. Cuando volvió a ganar, no recuperó la solidez y terminó el torneo siendo un equipo tremendamente irregular.

Desde el esquema, a Erviti le costó sostener el 4-3-3, pero tiene sentido: el plantel no tenía los intérpretes necesarios para que funcionara. Ni Solari, ni Martínez, ni Taborda pudieron ser algo parecido a lo que eran Mazzantti, Marcioni o el Pony Oyola. Nadie pudo suplir la partida de Valdez Chamorro, y ya sin Flores, las excursiones por las bandas se limitaron. Probó entonces con otros esquemas, pero ninguno terminó de convencer. Quizá, el 4-3-1-2 con el que cerró el año fue lo mejorcito, sobre todo al devolver a Ochoa Giménez a su posición natural de interno por izquierda.

La aparición de Erviti y el plantel con el que compitió es parecida al ciclo de Francisco Bersce en 2017/18: un entrenador debutante, con un plantel repleto de juveniles con pasado en primera y potenciado en posiciones estratégicas con jugadores de jerarquía. La diferencia -además de la división- es que del ciclo del Pepi quedaron sentadas las bases claras para el ascenso, y en este plantel no es tan clara esa base de cara al futuro, aunque positivamente se le dio espacio a varios proyectos de inferiores interesantes.

Pensando en el plantel que se viene, la situación es compleja aún. A muchos se les termina el contrato y lo cierto es que son pocos los que se destacaron. Claro que, encima, es a ellos a los que más difícil será convencer de que sigan. Rago es el principal punto de interés para la dirigencia, que lo tiene como un referente dentro y fuera de la cancha. Pancho admitió en redes que quiere que el entrenador siga y eso podría ser un guiño también para su futuro en el club. Pero claro que lo buscarán otros equipos.

A partir de enero, quedarán con contrato Gabriel Carrasco, Nicolás Sumavil, Daniel Saggiomo y Evelio Cardozo, los cuatro refuerzos de mitad de temporada que firmaron hasta fin de 2022. A ellos se suman Ochoa Giménez (hasta diciembre 2022), Alejo Dramisino (hasta diciembre 2023) y los juveniles Juan y Federico Bisanz, Christian Cuenca y Lucas Rïos (todos hasta diciembre 2024).

También habrá que pensar en la posible vuelta de Milton Giménez (a préstamo en Central Córdoba de Santiago hasta fin de año, con opción de compra del 65% de su pase por 500 mil dólares), de Eugenio Olivera (cedido a Sacachispas hasta diciembre 2022 con posibilidad de volver a fin de este año) y de Ignacio Viain (en El Porvenir hasta diciembre).

Con esa base, habrá que resolver a quiénes renovarle (Rago, Colombini, Martín García, Pedrozo, Fernández, Luque y alguno más, además de posiblemente renegociar el préstamo con Bolívar), y luego empezar a incorporar. Para bien de Atlanta, esta vez no sólo cuenta con un mercado mucho más abierto (prácticamente todos los planteles se desarmarán a fin de año), sino que además tiene más tiempo que nunca. Claro que, como primera medida, habrá que confirmar la continuidad de Walter Erviti.

En cuanto a partidas, el club ya confirmó que Pablo Martínez -de muy pocos minutos debido a varias lesiones- rescindió su contrato, y todo indica que tampoco seguirán aquellos que prácticamente no jugaron, como Damián Tello, Matías Flores y Cristian García.

Mariano Perusso

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