Opinión

lunes 29 de octubre de 2018

Se está despertando el gigante

Adrián Ocampo

Esta vez es en serio. Chicago se está despertando. Hace años que en el club y en el barrio no se percibe el clima de entusiasmo que despertó el presente del equipo que dirige Walter Perazzo.

Fue necesario estar al borde del infierno para tomar conciencia de que era momento de dar un golpe de timón. El gol de Baldunciel en Caballito ante Ferro, que salvó a Chicago del descenso en la última fecha, fue el punto de inflexión. Así, a los tumbos, no se podía estar más.

Con un largo receso por el Mundial, el Verdinegro, de a poco, fue moviéndose en el mercado de pases. Primero pudo sellar la continuidad de Walter Perazzo, alguien que elevó la vara a nivel dirigencial, que pidió estar atento a los más mínimos detalles, desde tener pelotas suficientes para entrenar hasta tutucas y frutas para el plantel.

Acto seguido, comenzaron a sumarse nombres de jerarquía para pensar en grande. Primero, para engrosar el promedio y luego para soñar con el ascenso. En los papeles, una historia parecida a la del 2000/2001, con aquel gol salvador de Argüello sobre la hora ante Arsenal en cancha de Lanús y después, al año siguiente, un memorable ascenso a la Primera División.

Los resultados comenzaron a darse. Chicago tuvo un arranque demoledor en el torneo y el entusiasmo del equipo contagió a la gente y también a los dirigentes, que comenzaron a realizar obras en el club, algo que hace años no se veía. Pero todo crecimiento en una institución va de la mano de lo económico. El lema “Hacete socio, Chicago te necesita”, no escapa a la realidad en los tiempos que corren. Hoy por hoy, con aproximadamente 6400 socios al día, es inviable que un equipo de la B Nacional con aspiraciones a subir a Primera pueda sostenerse en el tiempo. Al menos, es necesario llegar a 10 mil para tener una tranquilidad económica.

Eso sí, el club debe saber dónde está parado económicamente. Se debe realizar una auditoría. La actual dirigencia debe cortar el cordón umbilical con la gestión anterior. Seguramente, los números que salgan a la luz afecten a las dirigencias anteriores. Pero es algo que hay que hacer y comunicarlo a los socios. En números exactos, nadie sabe cuánto debe el club.

Más allá de eso, el Verdinegro se está despertando. Chicago es un grande del Ascenso, pero es momento de dar el salto de calidad, de pensar en grande. De subir a Primera, de mantenerse, de pensar en clasificaciones a torneos internacionales. ¿Alguien imagina al Torito jugando un miércoles en una Copa Sudamericana? Seguramente el estadio quede chico para ese día. Parece una utopía pensar en eso, pero todo es posible. No existe un mesías salvador ni un presidente iluminado. Todos deben aportar un granito de arena para devolver a Chicago a la elite del fútbol argentino. Por ahora, los cimientos y las bases están consolidadas.


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