Opinión

lunes 26 de noviembre de 2018

Para el ascenso hay otra vara

Mariano Perusso

La bronca entre el ascenso y Primera por los privilegios que les dan a algunos clubes existió desde siempre, y no se puede decir que sea un enojo infundado. Es verdad que a ciertas instituciones se las ha castigado con severidad, y, cuando un grande se vio en la misma situación, se hizo la vista gorda o se aplicaron sanciones incongruentes con los antecedentes similares.

Lo que pasó la semana pasada es un caso más de este tipo de injusticias. Los incidentes en Floresta fueron noticia nacional por la magnitud de los ataques (hay piedrazos a policías a metros de distancia), por los destrozos a los patrulleros y por la pasividad de las fuerzas de seguridad. Dicho sea de paso, luego se comentó que los efectivos no estaban protegidos porque no eran los que estaban abocados al operativo, sino que fueron llamados de urgencia al 911.

Esto abre también el interrogante de entender dónde estaban aquellos policías por los que el club había pagado esas enormes cifras que se abonan con mucho esfuerzo para poder abrir la cancha en partidos sin público visitante. Pero es un tema menor a estas alturas. La barra de All Boys (me resulta injusto llamarle hinchas) los atacó deliberadamente, desquitándose por un partido perdido en la cancha con justicia y por el festejo de los allegados de Atlanta que no hicieron nada descomunal como para generar esa reacción.

Fue un descontrol, desproporcional, irrisorio, injusto y vergonzoso. Es cierto que no fue de los más graves que se vieron en el ascenso. Pero también es real que, si no se aplica una sanción ejemplificadora, estas cosas no cesan. Si bien la decisión es incierta, la amenaza fue clara: “van a jugar sin público mucho tiempo”. Una vez más, unos pocos perjudicando a muchos.

Otro punto a resolver es el tema de las barras. Todos sabemos que deben ser alejadas del fútbol, que los clubes –todos y cada uno– están conectados, ya sea por voluntad propia o por miedo, con sus barras bravas. Y si no hay apoyo estatal serio, esto seguirá siendo así, con un puñado de violentos delincuentes enriqueciéndose a costas de una entidad cuyo único fin debería ser el de ayudar a mejorar la vida social de la comunidad.

Pero eso es pensando a futuro. El asunto es que All Boys será fuertemente sancionado y la primera medida fue la clausura de su estadio, por lo que debió jugar el domingo en cancha de Brown de Adrogué. A la espera de que se confirme qué pasará a futuro, la gente del Albo vio cómo miden con distinta vara una situación similar el mismo día que su equipo enfrentaba al puntero lejos de su casa y sin gente.

Los hechos producidos el sábado en las zonas cercanas al Monumental son de público conocimiento. Las razones para clausurar el estadio, entonces, serían las mismas que se usaron para sancionar a Floresta: incidentes por barras del club en las zonas aledañas a la institución, no dentro de las instalaciones. Sin embargo, como se trata de River, de un club grande, de Primera, estas cosas no se miden de la misma manera.

Las condiciones de los futbolistas de Boca no eran las óptimas y por eso no ocurrió, pero a 24 horas de destrozar el micro de la delegación visitante y herir a futbolistas (cosas que no pasaron en Floresta), River pensaba recibir con público en su estadio a su clásico rival. Los mismos organismos de seguridad que amenazaron y sancionaron a All Boys lo permitían.

A priori, parece ser injusta la no sanción a River y justa la sanción a All Boys. Pero ese asunto no es el eje. Si es justo o injusto se verá, lo que sí no es es equivalente. Y eso duele en el ascenso, porque lo que le pasó al Albo le puede pasar a cualquiera, pero si te castigan o no dependerá de tu poder en AFA, tu billetera, tu historia, o vaya uno a saber qué. Aunque intenten decir que no, esto está claro: para el ascenso hay otra vara.

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