Opinión

lunes 24 de septiembre de 2018

El deseo de volver a ser

Andrés Piccione

Una generación de hinchas de Platense se crío escuchando las historias de Primera, las milagrosas salvadas del descenso, los triunfos épicos ante los grandes y, por qué no, anécdotas de la mítica cancha de Manuela Pedraza y Cramer, cuando el Calamar era una fija en el fútbol de elite y sus jugadores eran buscados por los poderosos.

Los tiempos cambiaron, de manera rotunda. La globalización le dio mayor relevancia a los gigantes del exterior, aplacó a los clubes de barrio y la polarización en el país se centró entre River y Boca, Boca y River. Aún así, los clubes de la Argentina siguen dando batalla y Platense no se desanima en la que está dando: el deseo de volver a ser. Y ese sueño está más latente que nunca, a pesar de los obstáculos que se presentan en el camino.

Salir de la tercera categoría para el Marrón fue un verdadero infierno. Ocho años jugando en la B Metropolitana no podían terminar de otra manera: el suplicio del empate de puntos en la cima y la final en Lanús con Estudiantes de Buenos Aires. Si algo le faltaba, era un gol de pelota parada en tiempo suplementario para definir que Platense regresaba a la B Nacional.

El equipo debutó, ya sumó dos derrotas en la nueva categoría -también dos victorias- y quedó eliminado hace algo más de dos semanas de la Copa Argentina 2018 al perder con River. Pero ni una cosa ni la otra interrumpen el andar de un plantel que, como hace muchos años no se veía, parece ser del paladar de sus hinchas. Quizás por su estilo de juego, quizás por no renunciar nunca a sus ideas, quizás por haberles devuelto las sonrisas después de mucho tiempo. Y no es poca cosa.

La simbiosis que se generó entre hinchas y jugadores tiene varios motivos y sería banal atribuirla solo al éxito deportivo que puede significar un ascenso. Atrás hay más que eso, porque este plantel no se fue insultado de su estadio ni cuando perdió aquel doloroso partido contra Estudiantes de Buenos Aires, en donde sí un grupo de energúmenos que no representan a los simpatizantes se subió al micro para golpear y amenazar a los futbolistas.

Jorge De Olivera hizo que todos se olvidaran demasiado rápido de uno de los mejores arqueros que pasó por el club en mucho tiempo, como Ezequiel Mastrolía. En la defensa llegó un tipo como Nahuel Iribarren, que casi sin planteárselo, se terminó configurando en una pieza clave del equipo, no sólo por su rendimiento, sino también por su entrega y por su papel dentro del grupo humano.

Hernán Lamberti fue y es el patrón del mediocampo. El 5 que, en pleno invierno, llenó la pileta de su casa, se metió e hizo ejercicios especiales para recuperarse de una lesión, aún sin tener la certeza de que podría jugarse una definición ante el elenco de Caseros. Pero como si fuera una película, hubo desempate, Lamberti llegó con lo justo y Platense ascendió.

Arriba, la esperanza tuvo nombre y apellido. El hombre tímido que se transformó en un símbulo del equipo y que a fuerza de cariño se soltó para que se lo conozca tal cual es. Y si hablamos de Facundo Curuchet, no se puede evitar mencionar la mala fortuna.

Como si el destino quisiera poner a prueba este plantel, en un poco más de una temporada tuvo que reponerse a todo tipo de lesiones. Cuando Facundo Gómez brillaba en la zaga central, afuera. Cuando Bustos estaba para volver, se volvió a romper los ligamentos. Cuando Marcelo Vega estaba en su mejor momento, la rodilla tampoco lo acompañó. Cuando Emmanuel Carreira tenía que salvar las papas, también cayó. Y le llegó el momento del parate a él, a Curuchet, durante el cotejo que, justamente, toda esa generación de hinchas esperaba: el cruce ante el Millonario por la Copa.

¿Algo más tiene este Platense? Sí, la mezcla justa con juveniles y otros valores, que cedieron protagonismo para hacer de un combo que mantiene expectantes a los hinchas. Los juveniles que dejaron de ser promesa y que son más realidad que futuro. En la defensa, Nicolás Morgantini y Juan Infante son irreemplazables, del medio para arriba Agustín Palavecino se volvió en indiscutible y en el ataque asoma Gianluca Pugliese.

Daniel Vega se transformó en el goleador histórico del club y está siempre empujando desde su lugar de capitán. El Chino Vizcarra tuvo revancha después de aquel maldito partido con expulsión incluida ante Deportivo Riestra y se convirtió en el hombre de los goles importantes. Mientras que el resto de los integrantes del plantel hacen el trabajo "invisible" que terminó coronando este presente; desde la sobria y continua tarea de Diego Tonetto, hasta la calidez y chispa de Ezequiel Gallegos.

Quizás el combo sea mejor del esperado por muchos, pero quizás coincide con la vara alta que se trazaron los directivos. En más de una oportunidad, tanto Fernando Wendt (Presidente) como Pablo Bianchini (Vicepresidente) aseguraron algo que, antes de enfrentar a River, ratificó el propio Trapito Vega: "Nuestro verdadero objetivo es jugar contra River todos los años".

En otras palabras, que el clásico de Núñez vuelva a ser el clásico de Núñez. El futuro dirá cuánto tiempo puede pasar hasta lograrlo, pero, al menos, el objetivo está trazado.

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